viernes, 2 de septiembre de 2011

Relato.

Frente a mi veía una impresionante esfera. Una forma geométrica perfecta. En equilibrio estable, suspendida en el espacio. Blanca, brillante, luminosa y poderosa. Una gran hostia blanca, femenina. Su belleza apaciguaba mis temores ante tanto poderío.

Pasados unos minutos, acomodadas mis pupilas, ya enganchadas a la febril imagen, con un inexplicable poder microscópico, aprecié sus entrañas. Estaba formada de una especie de red de mónadas, conectadas entre sí, pero no enganchadas, cómo formando un tejido de fina tela hindú. Pude apreciar “aliento vital” en esta exquisita arquitectura dispuesta en minúsculas líneas rectas, ridículas, triviales, temporales, materiales y corruptas.

No sé cómo, tal vez por azar, de repente, tuve ante mí una de aquellas líneas. Al momento me quedé perplejo al constatar que entrañaba un relato vital; material, corrupto, pasajero, inferior... El relato comenzaba con una génesis, una unión de lo masculino y lo femenino. -Entonces recordé aquella poderosa alegoría según la cual, no podía existir divinidad sin esa unión- Y finalizaba con la corrupción de la substancia engendrada. Aquella línea medía unos 82 años, se diría, toda una “vida”. Toda una vida, que se reducía a una simple chispa, un punto insignificante de entre millones que componían las miles y miles de líneas que formaban la esfera.

Entre el antes y el después, previamente delimitados, concentré toda mi energía, en la esencia de la línea, hasta apreciar diferentes escenarios que pronto identifiqué con una infancia, una juventud, una vitalidad en declive y una inevitable senectud. Me vi a mi mismo, me estremecí de tal manera ante aquella revelación que empapado en sudor desperté.

Ya sereno, con una taza de café con leche en la mano, atendido mi sustento, pero algo inquieto aún, mi inconsciente me obsequió con una idea que procuró mi sosiego "Sólo quien se conoce a sí mismo aprende el conocimiento de todo". Torpe de mí, lo estaba leyendo en la “Contra” de la Vanguardia del día.

domingo, 6 de marzo de 2011

Desajuste afectivo estacional

Comienza el mes de marzo y el día se alarga en nuestras coordenadas del globo, nos vamos acercando inexorablemente a la primavera. La naturaleza, perezosamente, empieza a darnos muestras de nueva actividad vital. También las personas nos desprendemos de esas sensaciones de tristeza y de malestar, brotes de apatia y irritabilidad. Vamos superando el singularmente llamado trastorno afectivo estacional. Nos hemos sentido algo depresivos, algunos incluso hemos pasado por una sesión clínica, nada serio; una depresión estacional que se explica por la afectación a nuestro equilibrio emocional de los rigores del invierno y que tiende a desaparecer en primavera.

A nivel físico, nos hemos sentido más bajos de defensas, débiles y vulnerables a las infecciones y a las enfermedades físicas asociadas.

A nivel psicológico nos ha afectado la alteración química resultante de los parámetros del riguroso invierno, con bajas temperaturas y menor insolación. Efectivamente nuestros niveles basales, sobretodo, de serotonina y melatonina han afectado nuestro humor y han alterado nuestros vitales; el sueño, el apetito, la energía motora, el estado de ánimo en general.

A partir de ahora y mientras llega las deseadas y restauradoras vacaciones de Semana Santa (este año tardías) nos conviene seguir esta sencilla terápia: cuidar la dieta, pasear, respirar ondo y, sobretodo, disfrutar de la luz y el calor del Sol, nuestro mejor aliado para superar el desajuste afectivo estacional.

martes, 2 de noviembre de 2010

Trastorno Psicológico de Personalidad Antisocial

En la práctica clínica forense, como asesores de la fiscalía de menores, en ocasiones entrevistamos menores carentes de escrúpulos, manipuladores, abusadores, exentos de empatía y con absoluto desprecio por sus víctimas. Son chavales, la mayoría chicos, con un patrón de conducta resistente al tiempo y con escasas posibilidades de cambio a medio, incluso, largo plazo y a los que diagnosticamos de un Trastorno Psicológico de la Conducta Antisocial (TPAS).

Las causas de este trastorno se desconocen de forma precisa pero la literatura apunta a la concurrencia de factores genéticos de predisposición y a la exposición a factores de riesgo durante la infancia que pueden contribuir a su desarrollo.

Para su correcto diagnóstico utilizamos el Protocolo Estructurado para la Valoración del Riesgo de Conductas Violentas (SAVRY) y el DSM-IV-R.

La herramienta SAVRY presta especial atención a la presencia en diferente grado de los factores de riesgo históricos, del pasado del menor y sobre los que no se puede incidir y factores sociales e individuales, que de forma sumativa nos permite concluir el diagnóstica de este trastorno. Entre los factores en estudio y sin ánimo de ser exhaustivos podemos destacar los siguientes:

• Exposición del menor a violencia en el hogar.
• Historia de maltrato infantil.
• Delincuencia de padres o cuidadores.
• Separación temprana de padres y cuidadores.

Son chicos que pueden haberse socializado en medio hostil y, lo más importante, que no han experimentado una correcta vinculación psicoafectiva con ningún prohismo. Son chicos “desvinculados” con respuesta emocional nula o inapreciable.

Por su parte con el DSM-IV identificaríamos los siguientes criterios para el diagnóstico de este trastorno:

1) Menor con dificultad para respetar las normas sociales y que ha cometido repetidos actos que le han comportado detención.
2) Menor que miente repetidamente, utiliza un alias y estafa a otros para obtener beneficio personal o placer.
3) Menor que se muestra impulsivo y sin capacidad para planificar su futuro.
4) Menor irritable y agresivo que acude a la violencia con intimidación, peleas y agresiones como método de resolución de sus conflictos.
5) Menor imprudente, despreocupado por su seguridad y por la de los demás.
6) Menor incapaz de mantener un ritme normal y constante de trabajo y de hacerse cargo de sus obligaciones.
7) Menor sin remordimientos, indiferente al daño causado a persones y bienes materiales.

martes, 22 de julio de 2008

Los cambios de escenarios

Pep es un joven de 21 años. Reside en Barcelona en el seno de una familia acomodada. Siempre ha tenido satisfechas sus necesidades y ha vivido cómodamente.

En fecha reciente y de cara al próximo curso universitario, después de haber fracasado en sus actuales estudios en una Universidad catalana, decide preinscribirse para las Universidades andaluzas. Verbaliza su interés de pasar, al menos, un año en Andalucía. Esta decisión, poner tierra de por medio, se puede interpretar cómo un intento eficaz de alejarse del contro parental. Pero tal vez no es así. Todo y tener lógicas reservas y preocupación sobre su decisión, no para de especular sobre cuales son sus auténticas motivaciones.

Observando el perfil de su conducta podemos advertir la algunos factores de riesgo. Sus últimos años en el Instituto no le reportaron el éxito necesario para desarrollar su autoestimo y verse reforzado con el esfuerzo por conseguir buenos resultados. Comenzó a fumar en edad reciente contra la voluntad de sus padres, a los que no dudamos que quiera. El tabaco les acercó al cánnabis, la marihuana, el haixis... consumía, no sólo en contextos de ocio sinó también es espacios de recogimiento personal. Actualmente esta socializado en un grupo dónde prevalecen valores nada socializantes. Sus miembros se ven reforzados entre ellos mismos y mentienen un espacio inter subjetivo muy estrecho sin duda atraidos por la extraordinària fuerza centrípeta de sentir-se iguales en algunos fracasos y proclives a vivir el día a día sin darse el palo de pensar en el futuro. Convenciso que no puede hacer frente a la corriente decide que "no quiere" hacer frente... todo le dá igual y esta elección se recoge en los versos de sus composiciones. Ha llegado y sin el menor reparo, si se tercia, es capaz de cometer coductas antinormativas, algunas de ellas delictivas; conducir sin permiso, superar las tasas de alcoholemia, conducir vehículos sin seguros... Siempre alberga una prepotencia natural un " a mí no me pasará" "yo controlo" "déjame en paz..."

Poner tierra de por medio me sugiere, ilusamente, pero necesaria, la esperanza que Pep se quiera dar una segunda oportunidad cambiando de escenario. Aunque, no se marcha sólo, le acompaña un amigo. De alguna manera se lleva algo de lo que, en principo, desea huir.